Longevidad e inflamación: el papel de la terapia neural

Uno de los factores más importantes en un envejecimiento saludable es mantener bajo control la inflamación crónica. La inflamación es el mecanismo de autoprotección del organismo, pero cuando se vuelve crónica se convierte en un proceso que acelera el envejecimiento y que está en la base de muchas enfermedades. En particular, el sistema nervioso vegetativo y el sistema nervioso simpático, parte esencial de ese sistema, desempeñan un papel crítico en la lucha del cuerpo contra la inflamación. Además, en la regulación de este proceso se emplea la terapia neural (neuralterapia), un método terapéutico potente que destaca por sus efectos antiinflamatorios.
1. El efecto de la inflamación sobre la longevidad
La inflamación es la respuesta natural del sistema inmunitario frente a amenazas como las infecciones, las lesiones o las toxinas. Sin embargo, cuando este proceso se vuelve incontrolado y permanente, puede dañar los tejidos del cuerpo y provocar enfermedades crónicas. La inflamación crónica se relaciona directamente con el envejecimiento y los científicos denominan a este proceso “inflammaging”. El inflammaging es consecuencia de una inflamación crónica de bajo grado, a nivel celular y sistémico, que acelera el proceso de envejecimiento.
La inflamación crónica interviene en el desarrollo de muchas enfermedades crónicas asociadas a la edad, como las cardiopatías, la diabetes tipo 2, el alzhéimer o el cáncer. Además, al aumentar la presión sobre el sistema inmunitario, debilita las defensas frente a las infecciones. Por eso, mantener la inflamación bajo control es de importancia vital para alcanzar los objetivos de longevidad.
2. El papel del sistema nervioso vegetativo y del nervio simpático
El sistema nervioso vegetativo forma parte del sistema nervioso autónomo, que regula las funciones involuntarias del cuerpo, y se divide en dos componentes básicos: el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso parasimpático. El sistema nervioso simpático pone en marcha el organismo en las situaciones de estrés y dirige la respuesta de “lucha o huida” (fight or flight). El sistema nervioso parasimpático, en cambio, se encarga de los procesos de descanso y digestión.
El efecto del sistema nervioso simpático sobre la inflamación es bastante complejo. En las situaciones de estrés aumenta la actividad simpática, lo que desencadena la liberación de los neurotransmisores noradrenalina y adrenalina. A corto plazo, estas sustancias pueden ayudar a mantener bajo control el proceso inflamatorio. Sin embargo, la actividad simpática crónica, sobre todo cuando el estrés se vuelve permanente, puede intensificar los procesos inflamatorios y dañar los tejidos.
El estrés crónico y la activación excesiva del sistema nervioso simpático contribuyen al desarrollo de la inflamación crónica al aumentar las respuestas proinflamatorias de las células inmunitarias. Esta situación puede hacer que las citocinas inflamatorias (por ejemplo, el TNF-alfa o la IL-6) se mantengan de forma continua en niveles elevados. En consecuencia, un sistema nervioso simpático que trabaja bajo estrés crónico puede aumentar la inflamación en todo el cuerpo y, al suprimir el sistema inmunitario, perjudicar la salud a largo plazo.
3. Alimentación antiinflamatoria: el enfoque clásico
Una de las formas más eficaces de controlar la inflamación es adoptar hábitos de alimentación antiinflamatoria. Algunos alimentos ayudan a regular las respuestas inflamatorias y apoyan los procesos naturales de curación del organismo. Un plan de alimentación de este tipo se considera una estrategia básica para alcanzar los objetivos de longevidad. Estos son los elementos importantes de una pauta alimentaria antiinflamatoria:
- Ácidos grasos omega-3: fuentes como el aceite de pescado (salmón, sardina), la linaza y las nueces son ricas en omega-3 y reducen la respuesta inflamatoria.
- Antioxidantes: las vitaminas presentes en verduras y frutas (vitaminas C y E), los polifenoles y los flavonoides combaten los radicales libres y previenen la inflamación.
- Alimentos ricos en fibra: los cereales integrales, las legumbres, las verduras y las frutas favorecen la salud del aparato digestivo y, al mejorar la microbiota intestinal, reducen la inflamación sistémica.
- Aceite de oliva y grasas saludables: alimentos como el aceite de oliva, los frutos secos y el aguacate muestran efectos antiinflamatorios y se asocian sobre todo a la dieta mediterránea.
- Especias: especias con propiedades antiinflamatorias como la cúrcuma y el jengibre frenan la inflamación crónica.
El manejo de la inflamación mediante estrategias de alimentación antiinflamatoria es una herramienta importante para alcanzar los objetivos de longevidad. Pero, además, existen métodos terapéuticos que frenan la inflamación regulando el funcionamiento nervioso y biológico del organismo.
4. El papel antiinflamatorio de la terapia neural
La terapia neural es un método de medicina complementaria eficaz en la lucha contra el dolor crónico y la inflamación. Actúa sobre el sistema nervioso vegetativo del organismo y reorganiza la comunicación entre los órganos y el sistema nervioso. En el origen de la inflamación puede haber un trastorno de comunicación entre el sistema nervioso y los órganos, o un bloqueo en el sistema nervioso entérico. Mediante la inyección de anestésicos locales (sobre todo anestésicos de acción corta como la procaína) en las terminaciones nerviosas, la terapia neural busca eliminar esos bloqueos.
Los efectos antiinflamatorios de la terapia neural pueden resumirse así:
Activación del nervio vago: la terapia neural refuerza el sistema parasimpático del cuerpo al aumentar la actividad del nervio vago. Esto ayuda a frenar la actividad simpática y a regular las respuestas inflamatorias. El nervio vago actúa directamente sobre las células inmunitarias y reduce la producción de citocinas inflamatorias.- Bloqueo del nervio simpático: la actividad excesiva del sistema nervioso simpático es un factor que desencadena la inflamación. La terapia neural modula este sistema, frena la inflamación crónica y estimula la renovación celular.
- Tratamiento de los campos interferentes: los campos interferentes resistentes al tratamiento que se forman en determinadas zonas del cuerpo (por ejemplo, cicatrices quirúrgicas o heridas antiguas) alteran el equilibrio eléctrico y nervioso del organismo y pueden aumentar la inflamación. Con las inyecciones aplicadas en esas zonas, la terapia neural regula las respuestas inflamatorias y acelera los procesos de curación.
- Regulación neurovegetativa: la terapia neural reorganiza la comunicación entre el sistema nervioso y el sistema inmunitario. Así actúa sobre el origen de la inflamación crónica y activa los procesos naturales de curación del organismo.
5. Conclusión
Para alcanzar los objetivos de longevidad y lograr un envejecimiento saludable es imprescindible controlar la inflamación. La inflamación crónica es uno de los factores fundamentales que aceleran el envejecimiento, y en ese proceso el sistema nervioso vegetativo, y en especial el sistema nervioso simpático, desempeña un papel importante. El manejo del estrés, la alimentación antiinflamatoria y el trabajo equilibrado del sistema inmunitario junto con el sistema nervioso son elementos críticos en la lucha contra la inflamación.
La terapia neural se perfila como un método terapéutico importante en la regulación de la inflamación crónica. Gracias a sus efectos sobre el sistema nervioso, no solo mantiene la inflamación bajo control, sino que también apoya los procesos generales de curación del organismo. Por eso forma parte de las estrategias de longevidad. Sin aplicarla, será muy difícil llegar a estar realmente sano.
Dr. Hüseyin NAZLIKUL
Presidente de la IFMANT (Federación Internacional de Asociaciones Médicas de Terapia Neural)
Presidente de la Sociedad Turca de Terapia Neural