¿Puede usted tener intolerancia alimentaria?

La intolerancia alimentaria es la respuesta que da nuestro cuerpo a un alimento o a alguno de sus componentes. La intolerancia a la lactosa es un ejemplo de ello. Este cuadro no está relacionado con el sistema inmunitario. Las reacciones aparecen a causa de alimentos o de componentes que no pueden digerirse ni absorberse.
Las personas con intolerancia a la lactosa no tienen las enzimas lactasa que digieren el azúcar de la lactosa de la leche. La intolerancia a la lactosa se observa en el 50% de los adultos del mundo.
Algunas personas presentan además intolerancia a los potenciadores del sabor o a los conservantes alimentarios (sulfitos). Los síntomas varían de una persona a otra y, por lo general, resulta imposible determinar qué componente alimentario provoca qué reacción.
Los síntomas de la intolerancia alimentaria se parecen bastante a los de la alergia alimentaria. Por eso, ante una reacción frente a un alimento es necesario consultar a un médico.
¿Qué es la intolerancia alimentaria?
A las reacciones que muestra el organismo frente a un componente alimentario se las llama sensibilidad alimentaria. La sensibilidad alimentaria se divide en dos: alergia alimentaria e intolerancia alimentaria.
Muchos alimentos que consideramos saludables pueden producir efectos negativos en nuestro cuerpo. Si el huevo, que consideramos muy saludable, no puede ser digerido por el cuerpo, este reacciona frente a las proteínas que contiene. A esta situación se la llama "intolerancia alimentaria" y tiene consecuencias negativas que van desde el aumento de peso hasta numerosas enfermedades crónicas.
¿Cómo se produce la intolerancia alimentaria?
La respuesta a esta pregunta es compleja. La falta de algunas enzimas (las reacciones químicas específicas del cuerpo necesitan enzimas), los factores genéticos, el estrés o las enfermedades, un sistema inmunitario poco sano, la contaminación ambiental y una alimentación desequilibrada pueden causar intolerancia alimentaria.
En el proceso que transcurre entre la ingesta de los alimentos y su eliminación del cuerpo, los alimentos pasan de forma continua por un proceso de descomposición.
Los alimentos, que empiezan a descomponerse en la boca, adquieren después cierta consistencia con los ácidos y los movimientos del estómago y pasan al intestino.
Con las distintas enzimas del intestino y con el efecto de la flora intestinal, esos alimentos se dividen hasta en las partículas más pequeñas.
Las proteínas de los alimentos se descomponen en aminoácidos durante esa fragmentación y pasan a la sangre para utilizarse allí donde el cuerpo las necesita.
¿Qué ocurre si algunas proteínas no se descomponen en aminoácidos?
La falta de algunas enzimas, las alteraciones de la flora intestinal o enfermedades como el síndrome del intestino irritable impiden que los alimentos se descompongan en el intestino hasta llegar a aminoácidos, y estos pasan a la sangre sin haberse fragmentado. El sistema de defensa trata esos alimentos no descompuestos como sustancias extrañas y se pone en marcha igual que cuando ataca a bacterias o virus.
Como consecuencia, se produce inflamación en el cuerpo y aparecen efectos secundarios. La elevación de la PCR provoca ante todo debilidad, enlentecimiento del metabolismo y síntomas intestinales. Si el paciente consume ese mismo alimento de forma habitual sin darse cuenta, se desarrollan también otras enfermedades crónicas.
La intolerancia alimentaria es distinta de la alergia alimentaria
No deben confundirse la intolerancia alimentaria y la alergia alimentaria. El número de personas con alergia alimentaria es reducido y en poco tiempo pueden aparecer efectos mortales. Por ejemplo, quienes son alérgicos a los frutos secos o al marisco pueden entrar en shock anafiláctico en menos de una hora.
En la intolerancia alimentaria, en cambio, el efecto negativo de los alimentos empieza a aparecer entre 3 minutos y 72 horas después. Como en ese intervalo la persona ha comido muchos alimentos, aunque comprenda que su problema procede de la comida, le resulta muy difícil determinar de cuál.
Por ejemplo, una persona que desayuna chocolate y después consume dos comidas más hasta acostarse no puede relacionar un problema intestinal que aparece antes de dormir con la leche del chocolate que tomó por la mañana. La intolerancia alimentaria es una reacción errónea del cuerpo frente a determinados componentes de los alimentos. Este cuadro no está relacionado con el sistema inmunitario. Es decir, es muy diferente de la alergia alimentaria.
¿A qué edad empiezan a verse los síntomas de la alergia y la intolerancia alimentaria ?
La intolerancia y la alergia alimentaria pueden aparecer a cualquier edad. Si la intolerancia alimentaria no se reconoce pronto, puede provocar problemas de salud graves en edades avanzadas. Por ejemplo, la intolerancia a la lactosa provoca colitis en los niños, mientras que en los adultos puede causar la enfermedad de Crohn.
La intolerancia alimentaria es más frecuente de lo que se supone
Según la Organización Mundial de la Salud, la mitad de la población mundial tiene intolerancia alimentaria. Mil millones de personas han recibido el diagnóstico de intolerancia alimentaria y se calcula que esa cifra llegará a 2.500 millones en 2015 (WHO, JUNE 2006).
La intolerancia alimentaria es la causa de numerosas enfermedades: exceso de peso, imposibilidad de adelgazar, migraña, edemas de origen inexplicable, gases, hinchazón, fatiga crónica, estreñimiento, enfermedades de la piel (por ejemplo, acné, picor, neurodermatitis, eccema crónico, etc.), enfermedades reumáticas, asma, diarrea, calambres de estómago, trastornos psicológicos, trastornos del sueño, dolor de cabeza, enfermedades de las vías respiratorias, faringitis crónica, resfriados frecuentes, llagas en la boca, dolor epigástrico, enfermedad de Crohn, síndrome del intestino irritable, infecciones frecuentes de las vías respiratorias altas, goteo nasal crónico y TEA (trastorno del espectro autista).
Los estudios científicos más recientes han demostrado que en la base de muchas enfermedades de causa desconocida y sin tratamiento se encuentra la intolerancia alimentaria surgida como consecuencia de la alteración de la flora intestinal.
En un estudio realizado en Alemania en 2008 se puso claramente de manifiesto la relación entre los alimentos que consumimos y las enfermedades crónicas. Los nuevos datos han servido de orientación para enfermedades de difícil tratamiento que afectan aproximadamente a la mitad de la población, como el síndrome del intestino irritable, el reumatismo o la psoriasis.
Tasas de mejoría
En el estudio realizado se examinaron primero el estado de la flora intestinal de los participantes y sus sensibilidades alimentarias de dos maneras. En 4000 personas se hizo un análisis de heces y se midieron la IgG y la IgE en sangre. En otras 3800 personas se examinaron con el método electrovoll (Vegatest) la sensibilidad frente a los alimentos y la flora intestinal. Además, 3500 personas fueron evaluadas con las pruebas ProQuant y AK. Se observó que los resultados eran similares. Tras la investigación, durante 2 meses los participantes se mantuvieron alejados de los alimentos responsables, se reguló su flora intestinal y se les administraron suplementos de enzimas. A 1800 personas solo se les pidió que evitaran los alimentos responsables durante 3 meses. Se obtuvieron resultados sorprendentes. En las personas cuya flora intestinal se reguló, los resultados del tratamiento fueron significativos.
Las tasas de mejoría observadas en las enfermedades fueron las siguientes;
-
Molestias de gases e hinchazón (96%)
-
Problemas de estómago (90%)
-
Dolores generales (82%)
-
Urticaria, picor (82%)
-
Colitis (81%)
-
Fatiga crónica (79%)
-
Reumatismo (67%)
Estos resultados muestran que un alimento que consumimos y que creemos inofensivo puede habernos causado problemas importantes durante años.