¿Tiene tratamiento el síndrome de fatiga crónica?

La fatiga es consecuencia del estrés y del ritmo de vida intenso que trae consigo el desarrollo social y tecnológico del mundo actual.
Hoy en día la fatiga crónica se ha convertido en un síndrome y, cuando adquiere carácter crónico, es decir permanente, se valora como una enfermedad.
La persona puede presentar fatiga física (debilidad, falta de fuerzas), emocional (sensibilidad excesiva, desgana) y mental (alteración de la atención, olvidos). El signo más frecuente es la desgana para iniciar una tarea o para continuarla.
Causas de la fatiga crónica:
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Estrés, traumas y depresión
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Infecciones pasadas
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Disbiosis
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Anemia (falta de sangre)
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Enfermedades cardiovasculares
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Enfermedades reumáticas
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Enfermedades del hígado y del riñón
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Síndromes metabólicos
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Apnea del sueño
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Comer más de lo necesario
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Alimentación poco saludable y desequilibrada (consumo excesivo de carbohidratos refinados y de alimentos procesados envasados)
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Disfunción hormonal (hipotiroidismo, resistencia a la insulina, problemas de las glándulas suprarrenales, menopausia, andropausia)
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Disminución de la absorción de los nutrientes
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Carencias de minerales y vitaminas
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Alergias e intolerancias
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Exposición continua al electrosmog
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Heridas, picaduras de insectos o cicatrices que puedan alterar la integridad del cuerpo
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Estrés oxidativo y aumento de los radicales libres
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Exposición prolongada a sustancias tóxicas y químicas (contaminación del aire, metales pesados, disolventes químicos, pinturas, consumo excesivo de medicamentos, empastes de amalgama, radiación….)
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Trabajar mucho tiempo en espacios cerrados y permanecer inmóvil
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Beber poca agua y consumir demasiado té y café
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Consumo de tabaco y alcohol
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Una vida sexual de baja calidad
Cada una de las causas mencionadas supone estrés para el cuerpo. La lucha contra esas sobrecargas, es decir contra el estrés, provoca cambios en el metabolismo celular. En una persona sana, nuestras células obtienen del alimento y del oxígeno que llega hasta ellas la energía que necesitan cada día. Esta transformación de energía tiene lugar en las mitocondrias, conocidas como las centrales energéticas de la célula.
En los pacientes con síndrome de fatiga crónica esta producción de energía no se completa y se necesita oxígeno de calidad junto con micronutrientes muy específicos. Pero el origen del oxígeno también es importante. En los pacientes con síndrome de fatiga crónica es importante aportar al cuerpo todos los nutrientes que necesita y reponer combustible con oxígeno de forma regular. La característica común de los pacientes que sufren síndrome de fatiga crónica es que sus mitocondrias no producen la energía necesaria.
En consecuencia, el cuerpo se sale de su equilibrio normal tanto en lo físico como en lo anímico.
¿Cómo se diagnostica el síndrome de fatiga crónica?
Por la coexistencia de un gran número de síntomas posibles y por la complejidad del cuadro clínico, diagnosticar el síndrome de fatiga crónica sigue siendo muy difícil. Para establecer el diagnóstico se utilizan diversos catálogos de criterios. Los más empleados son los "Criterios de Consenso Canadienses" y los "Criterios de Consenso Internacionales".
Según los Criterios de Consenso Canadienses, para establecer el diagnóstico deben existir las molestias que se indican a continuación, principalmente:
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Fatiga: fatiga física o mental persistente y recurrente que reduce de forma notable el nivel de actividad de la persona.
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Malestar y fatiga después del ejercicio: tras realizar el ejercicio que hace habitualmente, las molestias de agotamiento, debilidad y dolor continúan más de 24 horas.
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Ganas continuas de dormir e incapacidad de despertarse por la mañana, entre otros trastornos del sueño
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Dolor; dolor corporal generalizado
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Además de los síntomas señalados, a la persona la acompañan alteración de la concentración, confusión mental y trastornos del movimiento.
Según los Criterios de Consenso Canadienses, el diagnóstico del síndrome de fatiga crónica incluye, además de lo anterior, al menos dos síntomas adicionales:
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Signos autónomos: arritmia cardíaca, palpitaciones, mareo, náuseas, síndrome del intestino irritable
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Signos neuroendocrinos: pérdida o aumento del apetito, cambios anormales de peso, temperatura corporal baja, sudoración
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Signos inmunológicos: síntomas similares a la gripe, dolor de garganta, hipersensibilidad a los medicamentos y a los alimentos
Según los criterios canadienses, las molestias deben existir desde hace al menos seis meses. Los criterios de consenso internacional son muy parecidos a los canadienses, aunque permiten diagnosticar el síndrome de fatiga crónica cuando las molestias comienzan en un plazo más corto.
La gravedad del síndrome de fatiga crónica varía mucho de una persona a otra. Algunos pacientes presentan una forma más leve, mientras que otros están tan gravemente afectados que una vida cotidiana normal apenas resulta posible.
¿Qué tratamientos existen para la fatiga crónica?
Dado que las causas del síndrome de fatiga crónica siguen sin estar claras, la terapia se apoya sobre todo en los síntomas individuales e intenta aliviarlos.
Desde el enfoque de la medicina moderna no hay unanimidad sobre el tratamiento ideal del síndrome de fatiga crónica. Hasta ahora no existe ningún tratamiento de eficacia demostrada en este terreno.
Teniendo en cuenta la gran variedad de molestias asociadas a la fatiga crónica, el tratamiento debe ser individualizado. La terapia puede incluir medidas médicas y no médicas. El objetivo fundamental del tratamiento es aliviar los síntomas de la persona.
Medicamentos para el síndrome de fatiga crónica
Todos los medicamentos que se empleen en el síndrome de fatiga crónica deben estar bajo control médico. Los analgésicos pueden ser eficaces para aliviar el dolor. En las infecciones crónicas (bacterianas), los afectados se tratan de forma específica con antibióticos. Si el síndrome de fatiga crónica está relacionado además con una depresión de fondo, el tratamiento con antidepresivos puede resultar beneficioso.
Si puede demostrarse una carencia de vitaminas o de minerales, esa situación puede compensarse cambiando los hábitos alimentarios o con suplementos dietéticos específicos.
Terapia conductual para el síndrome de fatiga crónica
En general, los médicos recomiendan mantener una rutina diaria regular para tratar la fatiga crónica. Lo ideal es apoyarse además en las nuevas terapias conductuales, que dejan a la persona en gran medida sin síntomas en su vida cotidiana. Es importante evitar en lo posible tanto el estrés físico como el psicológico. Los médicos siguen un procedimiento de varias fases para aumentar poco a poco el rendimiento de las personas y devolverlas a la vida diaria.
En la mayoría de los casos se ha demostrado que los ejercicios de relajación, como el entrenamiento autógeno o la meditación, también son métodos eficaces para tratar los síntomas. Los ejercicios de relajación pueden ayudar asimismo a quienes sufren trastornos del sueño.
En el síndrome de fatiga crónica es importante no evitar la actividad física. Conviene empezar con ejercicios de movimiento suaves y no demasiado largos, y no excederse. Al principio suele bastar con cinco minutos diarios de ejercicios ligeros de estiramiento y de ejercicios que mejoren su amplitud de movimiento. Después puede aumentar poco a poco la actividad deportiva según sus posibilidades. Muchos pacientes consiguen así librarse de sus síntomas.
¿Cómo se trata el síndrome de fatiga crónica en rehabilitación?
Las clínicas de rehabilitación especializadas en el tratamiento del síndrome de fatiga crónica suelen ofrecer a los afectados medicina de regulación y tratamientos integrales para mejorar su estado general. En la fatiga crónica, la rehabilitación busca por lo general detectar los verdaderos desencadenantes del síndrome de fatiga y eliminarlos. Al mismo tiempo ordena la alimentación, regula la flora intestinal, se propone depurar el cuerpo de las toxinas acumuladas en el tejido conjuntivo y se centra en hacer desaparecer los síntomas de la persona.
¿De qué podemos servirnos para combatir la fatiga?
Plátano: es una fruta sumamente rica en ácido fólico, potasio y vitamina B6. El potasio previene los calambres y va bien contra la fatiga.
Granada: fortalece el cuerpo. Fortalece el corazón. Quienes tienen enfermedades del estómago o del intestino, los niños pequeños y las embarazadas no deben comerla en exceso.
Brócoli: es una verdura magnífica que nos protege frente al cáncer y alarga nuestra vida. Como contiene mucho calcio, es ideal frente a la osteoporosis. El brócoli, que corrige la carencia de minerales y de hierro, es un depósito de vitaminas.
Tomate: es una verdura con propiedades protectoras frente al cáncer y que frena el envejecimiento mental y corporal. Contiene vitaminas C y E. El tomate es una fuente rica en potasio y contiene muy poca sal.
Escaramujo: por su enorme riqueza vitamínica es amigo de los ojos. Aporta vitalidad al cuerpo. Cien gramos de escaramujo contienen tanta vitamina C como una caja de naranjas. Es un buen remedio frente al raquitismo y un eficaz depurador de la sangre.
Col: encabeza la lista de las verduras conocidas por su eficacia frente al cáncer. Contiene abundantes vitaminas B, C y E y potasio. Es especialmente eficaz frente al cáncer de mama y de útero.
Yogur: es importante para que el aparato digestivo funcione de forma regular. Con su capacidad saciante, equilibra el azúcar en sangre. También revitaliza el sistema inmunitario.
Cebolla y ajo: reducen el riesgo de hipertensión y de enfermedad cardíaca. La cebolla reduce el riesgo de padecer cáncer de estómago y el ajo el de cáncer de intestino. Las sustancias presentes en el ajo evitan que las células se dañen y protegen al cuerpo frente al envejecimiento prematuro.
Nueces, almendras y avellanas: contienen vitamina E y tienen un alto poder antioxidante.
Coenzima Q1 - NADH: es un suplemento con el que se obtienen buenos resultados sobre todo en los casos de fatiga que van unidos a una depresión.
Coenzima Q10: reduce la fatiga al aumentar la producción de energía en la mitocondria, el centro de producción de energía de la célula.
Magnesio: aporta un beneficio considerable en el síndrome de fatiga crónica que se acompaña de dolores musculares.
Vitaminas del grupo B: puede aprovecharse sobre todo la vitamina B12. Estas vitaminas son suplementos que apoyan el sistema inmunitario y aumentan la producción de células sanguíneas.
Vitamina D: la carencia de vitamina D produce en la persona un estado de fatiga general. Es una vitamina que debe suplementarse sin falta, sobre todo en los meses de invierno.
Ginkgo biloba: regula la circulación – incluso se utiliza en parte para problemas relacionados con el cerebro.
Vitamina C: apoya la glándula suprarrenal, refuerza la inmunidad y mejora la cicatrización de los tejidos.
Raíz de regaliz (Liquorice): el uso de los extractos de raíz de regaliz como apoyo frente a la fatiga es muy antiguo. Apoya la glándula suprarrenal. Quienes tienen problemas de hipertensión deben usarlo con cuidado.
Hipérico (Hypericum perforatum): gracias a que nutre y fortalece el sistema nervioso, se utiliza de forma muy extendida en todo el mundo en la lucha contra la depresión.
Echinacea y Astragalus: en quienes tienen un problema de fatiga prolongada puede recurrirse a estos dos apoyos vegetales, sobre todo si se observa que se acompaña de problemas del sistema inmunitario.
Si con estos suplementos y estos consejos su fatiga no desaparece en dos semanas, conviene que acuda a un médico. El síndrome de fatiga crónica es una enfermedad que tiene tratamiento.