Intolerancia a la fructosa: causas, síntomas y tratamiento

La miel, la melaza, la uva, las frutas de árbol, la familia del melón y la sandía y las bayas contienen fructosa en abundancia. Pero la fructosa no solo está en las frutas: también se encuentra, sobre todo, en algunas hortalizas de raíz. Es un azúcar natural presente en cantidades distintas en cada fruta y verdura. Se almacena más despacio que la glucosa. En especial, cuando se consume la misma cantidad de fructosa y de glucosa, el nivel de azúcar en sangre sube más rápido en quienes toman glucosa.
Existen dos tipos de fructosa de uso extendido: la fructosa cristalina y el jarabe de maíz. Con frecuencia se cae en el error de creer que ambos tipos de fructosa son el mismo producto. La fructosa cristalina es un producto obtenido de un tipo de jarabe de maíz rico en fructosa que contiene únicamente fructosa y es un monosacárido, mientras que el jarabe de maíz de alto contenido en fructosa es un disacárido obtenido al mezclar glucosa y fructosa.
La fructosa es un azúcar del que a menudo se afirma que causa o puede causar problemas de salud. El hígado tiende a convertir la fructosa continuamente en grasa. Además, la fructosa produce en el organismo humano un daño parecido al que provocan los productos alcohólicos.
¿Por qué y cómo aparece la intolerancia a la fructosa?
La intolerancia a la fructosa, es decir, la imposibilidad de absorber y digerir la fructosa, es un cuadro tratable y que muchas veces pasa desapercibido; en raras ocasiones es congénito (familiar, hereditario) y, con mucha más frecuencia, se desarrolla a consecuencia de una alteración de la flora intestinal.
En condiciones normales y dentro de unos hábitos alimentarios saludables consumimos una media de 50 gramos de fructosa al día. Pero en las personas con intolerancia, la fructosa, cuya digestión se produce con dificultad, pasa del intestino a la sangre solo muy lentamente. Al ser utilizada por las bacterias, la fructosa que no se absorbe y permanece en el intestino produce gases y ácidos, y provoca dolor abdominal y diarrea. Muchos alimentos contienen, además de fructosa, un alcohol llamado sorbitol; el sorbitol también se absorbe con dificultad, igual que la fructosa, e incluso dificulta aún más la absorción de la fructosa por los tejidos. Por eso los alimentos que contienen ambas sustancias (por ejemplo, la pera y la ciruela) hacen que las molestias de la intolerancia aparezcan con más frecuencia.
Hallazgos clínicos en la intolerancia a la fructosa
Las molestias clínicas más frecuentes en la intolerancia a la fructosa adquirida por una alteración de la flora intestinal son:
- Exceso de gases
- Calambres intestinales
- Alteración del ritmo deposicional
- Debilidad
- Dolor abdominal
- Trastornos de la concentración
- Cansancio
Diagnóstico de la intolerancia a la fructosa
El diagnóstico de la intolerancia a la fructosa, al igual que en la intolerancia a la lactosa, se establece mediante el análisis de los alimentos y de la flora intestinal. Para ello, el método que utilizamos habitualmente son las pruebas de comparación de frecuencias y los métodos diagnósticos integrales.
Tratamiento de la intolerancia a la fructosa
En el tratamiento debe limitarse ante todo el consumo de fructosa. De lo contrario, el daño de la mucosa del intestino delgado, especialmente sensible a la fructosa, puede continuar y adquirir un carácter inflamatorio. Mientras que en condiciones normales se consumen 50 gramos de fructosa al día, en quienes tienen intolerancia esa cantidad debe bajar a 20-25 gramos diarios. Aunque se considera suficiente que el periodo de restricción de fructosa dure una media de dos semanas, lo ideal es que ese periodo se determine de forma individual y dinámica mediante el control de las pruebas diagnósticas. Apoyar la flora intestinal y procurar la nutrición del intestino con terapia neural (neuralterapia) son los otros dos pilares importantes del tratamiento. Cuando se comprueba que la intolerancia ha desaparecido, la cantidad diaria de fructosa debe aumentarse con el tiempo, con atención y lentamente, con el mismo cuidado que en el paso de los bebés a los alimentos sólidos.
Para poder llevar a cabo la restricción de fructosa es imprescindible saber cuánta fructosa contiene cada alimento.
Alimentos sin fructosa:
- Leche, queso blanco sin sal, queso
- Huevo, carne roja, pescado, pollo
- Mantequilla, margarina, aceites vegetales
- Almidón, arroz, pasta
- Pan blanco, pasteles, bollos y otros productos de masa (sin glucosa)
- Patata
- Especias
- Café, té (salvo las infusiones de frutas), agua
- Glucosa, edulcorantes sin calorías
Frutas con contenido en fructosa (g / 100 g):
- Pomelo, membrillo, grosella verde 0,25
Naranja, albaricoque 4,3- Guinda 4,5
- Kiwi 4,7
- Melocotón, mandarina 4,9
- Ciruela 5,1
- Grosella 5,5
- Melón, cereza 6,1-6,2
- Piña, ciruela amarilla 6,4-6,6
- Mango 7,1
- Manzana 7,5
- Uva 7,9
- Escaramujo 8,1
- Plátano 8,6
- Pera 9,8
- Higo, ciruela y albaricoque secos 24-26
- Pasas 32
- Manzana deshidratada 38
¡Atención: fructosa oculta (g / 100 g)!
- Dulces (golosinas) 30-95
- Azúcar de uso doméstico 50
- Chocolate 20-30
- Mermeladas dietéticas, crema de avellanas 25-50
- Helado 7.5
- Kétchup 12
- Concentrado de tomate 6,5
- Salsas para ensalada, salsas para parrilla 2-4
- Carne de vacuno 2,6
- Mostaza, vinagre 0,3-0,4
Dr. Hüseyin NAZLIKUL, M.D., PhD.
IFMANT = Presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas de Terapia Neural
Presidente de la Bilimsel Nöralterapi Regülasyon Derneği (Sociedad Científica de Terapia Neural y Regulación)