Inyecciones de terapia neural: puntos clave y precauciones

Para que las inyecciones puedan realizarse de la forma más segura posible, el paciente debe estar en una posición cómoda pero segura.
Debe elegirse una posición que no obligue a recolocar al paciente en cada inyección y que no le genere inquietud.
Desde el punto de vista del médico que aplica la terapia neural (neuralterapia), lo más importante es alcanzar correctamente el objetivo eligiendo posiciones lo más estandarizadas posible para las inyecciones.
La posición en decúbito supino (dorsal) es adecuada para todas las inyecciones en las regiones anterior (ventral) y lateral del cuerpo.
En las inyecciones en la parte posterior del cuerpo, desde la región de la cabeza hasta el cóccix, debe preferirse una posición sentada cómoda sobre la camilla de exploración; en las inyecciones en las zonas dorsales de la extremidad inferior, la posición lateral.
DESINFECCIÓN
Como regla básica, la piel debe desinfectarse antes de cada inyección.
No obstante, según la experiencia práctica con la procaína, se sabe que en los casos en que no se respeta el tiempo de desinfección no aumenta la incidencia de infecciones asociadas a la inyección.
Las inyecciones en las articulaciones y en los espacios peridurales con bajo riesgo de lesión de la duramadre deben realizarse siempre en condiciones asépticas. El riesgo de infección en el lugar de la inyección es muy bajo debido al potente efecto favorecedor de la perfusión del dietilaminoetanol.
APLICACIÓN DE LAS INYECCIONES EN TERAPIA NEURAL
Cada inyección debe realizarse de la forma menos dolorosa posible. Se recomienda que cada inyección se practique con la mano apoyada con la mayor libertad posible. En las inyecciones realizadas sin apoyo puede existir riesgo de inyectar en un lugar equivocado y de lesionar al paciente.
Para alcanzar la zona de inyección correcta, cuando la cánula debe atravesar en profundidad distintos tipos de tejido (por ejemplo, el tronco paravertebral, los ganglios prevertebrales o el espacio retroperitoneal de la pelvis menor), al aplicar una ligera presión sobre el émbolo para que la jeringa avance lentamente se realiza una infiltración simultánea de baja intensidad.
Por ello, el procedimiento resulta menos doloroso para el paciente. Con este fin se recomienda utilizar cánulas desechables, intercambiables, afiladas y del menor calibre posible.
El médico especialista en terapia neural que realiza el tratamiento debe aprender a manejar la jeringa y la cánula con una sola mano. Este gesto, que parece rutinario, puede provocar inyecciones erróneas si no se ejecuta correctamente durante la práctica diaria de la terapia neural.
La jeringa, un instrumento sencillo, no solo permite administrar el anestésico local en la estructura anatómica, sino que además, gracias a una técnica de inyección precisa, actúa como un “sensor” de los distintos tejidos.
EFECTOS SECUNDARIOS Y RIESGOS DE LA TERAPIA NEURAL
Es importante informar al paciente no solo de los riesgos, sino también del sentido de las inyecciones. En cuanto al dolor asociado a la inyección, debe advertirse al paciente de que puede aparecer, por ejemplo, un dolor en forma de descarga eléctrica durante la inyección en nervios periféricos.
Durante la inyección debe prestarse atención a lo que el paciente refiere sobre el dolor, ya que esa respuesta puede anunciar una posición incorrecta de la aguja. En ninguna inyección debe aparecer dolor intenso. En estos casos debe detenerse la inyección y comprobarse y corregirse la posición de la aguja.
Como regla básica, tras el tratamiento con terapia neural todo paciente debe permanecer, en la medida de lo posible, bajo supervisión médica durante el tiempo de acción de los anestésicos locales utilizados.
Además de las reacciones esperables, como mareo, alteraciones sensitivas leves o pérdida transitoria de la capacidad motora, hay que estar atento a reacciones inesperadas como los trastornos circulatorios vasovagales y las reacciones alérgicas precoces.
COMPLICACIONES DE LA TERAPIA NEURAL
Las complicaciones nunca deben ignorarse por completo.
Toda complicación que aparezca durante el tratamiento debe registrarse.
INYECCIÓN INTRAVASCULAR (INTRAARTERIAL)
La inyección de un anestésico local dentro de un vaso es una complicación grave, poco frecuente pero que exige atención médica urgente.
Por lo general, la causa de esta complicación es que la técnica de doble aspiración con giro de la aguja de 180° no se ha realizado correctamente.
ANAFILAXIA
La anafilaxia, muy poco frecuente, es independiente de la técnica de inyección y requiere atención urgente en condiciones hospitalarias.
HEMORRAGIA Y HEMATOMA
Los hematomas figuran entre las complicaciones que, según su localización y su extensión, requieren un tratamiento conservador o, muy raramente, una intervención quirúrgica.
Durante el tratamiento conservador del hematoma con terapia neural se aplican, en la fase más precoz posible, infiltraciones repetidas con procaína para lograr una reabsorción más rápida y una profilaxis de la infección.
LESIONES DE ÓRGANOS
En las lesiones de órganos producidas por la aguja (por ejemplo, pulmón, riñón, hígado) no suele ser necesaria una intervención quirúrgica.
Sin embargo, en caso de duda, la persona debe quedar en observación hospitalaria.
Estas complicaciones pueden aparecer no solo por errores de inyección, sino también por variaciones anatómicas y topográficas.
PUNCIÓN DE LA DURAMADRE ESPINAL
La punción accidental de la duramadre espinal durante una infiltración peridural es una complicación poco frecuente. Se observa más en las técnicas de anestesia espinal o paraespinal que en las aplicaciones de terapia neural.
Se considera que esta complicación causa con frecuencia una cefalea pospunción que dura varios días.
DOSIS DE ANESTÉSICO LOCAL EN LAS APLICACIONES DE TERAPIA NEURAL
La dosis máxima de la solución de procaína al 1 % es de 500 mg para la aplicación extravasal (50 ml de solución al 1 %).
Una cantidad tan elevada nunca es necesaria en las aplicaciones de terapia neural.
El límite superior es de 15-30 ml por sesión y no hay ninguna necesidad de superar esa cantidad.
Si en algún caso fuera preciso superar ese límite, conviene dejar un intervalo de ½-1 hora entre la primera y la segunda inyección.
Durante el tratamiento, el objetivo debe ser llevar la procaína al tejido enfermo en la dosis más baja posible y con una técnica de inyección cuidadosa.
Exponer el tejido a una cantidad excesiva de procaína debe considerarse, en realidad, un error evitable.
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